Fentanilo: el enemigo silencioso que ya cobra vidas en Colombia

Entre 2022 y 2023, al menos 21 personas murieron en Colombia tras consumir fentanilo, un opioide sintético que ya desató una crisis sanitaria global y que hoy se infiltra silenciosamente en el mercado de drogas del país. SEMANA reconstruyó las historias de las víctimas, habló con consumidores y siguió la ruta de una sustancia que se mezcla con otras drogas para potenciar su efecto y multiplicar la adicción.

La foto del perfil de WhatsApp de Édgar Salazar es la de su hija mayor, Natalia. Él mismo la tomó dos días antes de su muerte, en octubre de 2022. En la imagen, la joven sonríe, con los ojos iluminados. Para su padre, ingeniero y padre soltero, esa expresión era la señal de que su hija finalmente estaba dejando atrás años de adicción. Por eso, aunque dudó, aceptó que saliera la noche del 21 de octubre.

La reunión era en el barrio Las Mercedes, en Palmira, en casa de una amiga del colegio que Natalia estaba a punto de terminar tras varios años interrumpidos por procesos de desintoxicación. Antes de salir, la joven que soñaba con estudiar ingeniería agropecuaria lo miró y le dijo una frase que hoy lo persigue: “Confía en mí”. Seis horas después, Édgar la vería nuevamente, sin vida, en una cama de hospital.

Natalia había salido meses antes de su segundo tratamiento. La separación de sus padres y la partida de su madre a España marcaron el inicio de su consumo, cuando apenas tenía 14 años. “Ella sintió que la abandonaron”, recuerda su padre. Aquella noche, según los relatos, solo tomó una cerveza. Sin embargo, un joven que llegó al final de la fiesta habría sido quien le entregó una mezcla de drogas que incluía fentanilo.

“Cuando me dijeron fentanilo, dudé. No sabía que esa droga ya estaba en Colombia”, relata Édgar entre lágrimas. Los médicos le explicaron que su hija probablemente ya tenía dependencia. Él aún se resiste a creerlo. “La vi luchando, con ganas de estudiar, de cambiar su vida. Me pregunto todos los días si pude haber hecho algo más”.

Natalia es una de las 21 víctimas mortales confirmadas por Medicina Legal, que entre 2022 y 2023 detectó rastros de fentanilo en necropsias realizadas en distintos puntos del país. Diez de los fallecidos tenían entre 18 y 28 años. Los casos se registraron en Amazonas, Boyacá, Cundinamarca, Magdalena, Norte de Santander, Santander, Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá, donde se concentra el mayor número.

“El fentanilo es un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína y 100 veces más que la morfina”, explica el toxicólogo Rafael Bonilla. El mayor riesgo, advierten los expertos, es que en Colombia se está mezclando con otras sustancias como cocaína, ketamina, MDMA, heroína y metanfetaminas. El resultado es un coctel conocido en el mercado ilegal como magia brava, diseñado para generar mayor dependencia y consumo frecuente.

Jóvenes que consumen sin saber qué toman

Un joven consumidor en Bogotá, de solo 15 años, cuenta que ha accedido al fentanilo puro o en cocteles de drogas en chiquitecas ilegales que se realizan en distintas localidades en la ciudad. | Foto: DIEGO ANDRéS ZULUAGA

Muchos consumidores desconocen que están ingiriendo fentanilo. Ese es el caso de Santiago (nombre cambiado), un adolescente de 15 años que vive en la localidad de Kennedy, en Bogotá. Comenzó con marihuana a los 12 y luego pasó al tusi. En chiquitecas ilegales probó fentanilo por primera vez.

“Le echan eso para que pegue más duro”, cuenta. Describe una sensación de desconexión total, pérdida del equilibrio y del oído. El punto más crítico llegó cuando consumió fentanilo puro, sin saber cómo usarlo. “Me lo tomé. Después no me acuerdo de nada. Estaba muy mal, sudando, con ansiedad”.

Una droga que se camufla

A diferencia de Estados Unidos donde una persona muere cada cinco minutos por sobredosis de fentanilo, en Colombia el fenómeno es menos visible, pero igual de peligroso. Aquí, la sustancia se camufla en el tusi y otras mezclas sintéticas. Es una estrategia deliberada del microtráfico: al incluir fentanilo, el consumidor vuelve más rápido y gasta más dinero en menos tiempo.

Así lo explica “El Chef”, un joven de 19 años que prepara drogas sintéticas en el sur de Bogotá. “El toque secreto es el fenta. Esa vaina es demasiado adictiva”, dice. Una sola ampolleta, que compra por 30.000 pesos, le alcanza para varias dosis. Con una inversión mínima, las ganancias se multiplican.

Desvío del sistema de salud y rutas ilegales

SEMANA también conoció el testimonio de una enfermera en Cartagena que descubrió cómo una compañera robaba fentanilo de la UCI para inyectárselo. Casos similares refuerzan la hipótesis de que parte del fentanilo llega al mercado ilegal por desvíos hospitalarios.

Otra línea investigativa apunta a la entrada del opioide por puertos y servicios de mensajería internacional. En La Guajira, este año se incautaron 2.000 ampolletas. Además, agencias de investigación privadas han rastreado envíos camuflados y pagos realizados mediante criptomonedas. China figura como uno de los principales productores de precursores químicos.

Las autoridades también han frustrado intentos de instalar laboratorios en Colombia. En marzo de 2023 fueron capturados en el aeropuerto El Dorado dos miembros del Cartel de Sinaloa, quienes buscaban montar centros de producción en varias regiones del país.

Vacíos legales y falta de control

Pese a la gravedad del panorama, expertos advierten una respuesta institucional insuficiente. El fentanilo no aparece explícitamente tipificado en el Código Penal, lo que dificulta su persecución. Investigadores y congresistas coinciden en que Colombia está en mora de actualizar su marco legal.

Aunque el Ministerio de Justicia asegura que el país no presenta altas prevalencias de consumo, reconoce que en más del 34 % de las muertes asociadas al fentanilo también había presencia de otras sustancias sintéticas.

“Que no sea masivo no significa que no sea grave”, advierte Julián Quintero, de la iniciativa Échele Cabeza. “Se necesita monitoreo permanente en entornos de consumo y análisis constante de las sustancias que circulan”.

El fentanilo ya está en Colombia. No siempre se ve, no siempre se nombra, pero ya deja muertos, familias rotas y adolescentes atrapados en una droga que muchos consumen sin saberlo. Ignorar la amenaza puede ser el peor error.


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