El reportaje reconstruye la trágica historia de Brayan, un joven que fue asesinado con arma blanca tras salir de una discoteca en Bogotá. A pesar de que el presunto agresor fue plenamente identificado y de que existen registros de cámaras de seguridad que documentan los hechos, el responsable continúa en libertad, lo que ha generado serios cuestionamientos sobre la eficacia y la respuesta del sistema judicial. El crimen ocurrió el 24 de abril de 2017 y quedó registrado en videos de vigilancia que captaron los momentos previos a la muerte del joven.
La familia de Brayan recuerda con dolor sus últimas conversaciones y las advertencias que le hicieron aquella noche para que se cuidara. Nacido el 5 de enero de 1999, Brayan es descrito por sus seres queridos como un joven noble, respetuoso y siempre dispuesto a ayudar a los demás. Durante su infancia fue activo, sociable y construyó lazos de amistad con facilidad. Con el paso de los años, como muchos adolescentes, comenzó a disfrutar más del tiempo con sus amigos y de las actividades propias de su edad.
La noche de su muerte, Brayan se separó de su grupo de amigos en circunstancias que aún no han sido esclarecidas. Aunque las cámaras de seguridad muestran al sospechoso apropiándose de sus pertenencias, sus acompañantes no han logrado explicar por qué el joven quedó solo. Esta falta de claridad ha profundizado el dolor y la frustración de su familia, que sigue buscando respuestas.
Carolina, su madre, relata la angustia de las horas posteriores al hecho, la espera desesperada de noticias y el momento devastador en el que recibió la confirmación oficial de la muerte de su hijo por parte de Medicina Legal. Desde entonces, la familia enfrenta un duelo marcado por la ausencia, el recuerdo constante y la sensación de injusticia.
En medio del dolor, los familiares conservan objetos que pertenecieron a Brayan y aseguran encontrar consuelo en lo que interpretan como señales de su presencia espiritual. Aferrados a la fe, mantienen la esperanza de que algún día se haga justicia, no solo desde lo divino, sino también desde las instituciones del Estado. La historia expone, entre recuerdos entrañables y profundas heridas, el impacto emocional de un crimen impune y la lucha de una familia por verdad, justicia y dignidad para la memoria de un joven cuya vida fue truncada de manera injusta y prematura.


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